Como candidato de los partidos políticos, tengo el placer de informarle al gobierno que hemos llegado al más elevado y patriótico acuerdo para restaurar el imperio de las instituciones nacionales con una plataforma común de aspiraciones patrióticas y con un solo candidato por el cual habrán de sufragar lealmente ambos partidos.

Así pues, nosotros hemos cumplido; esperamos que el gobierno también habrá de cumplir su palabra a elecciones populares limpias de fraude y libres de violencia para elegir el próximo Presidente de la República. El gobierno nos ha dicho con Herrera: “La patria por encima de los partidos”. Nosotros le decimos: De acuerdo; pero agregamos: La patria por encima de los negocios.

Réstame solo significar a ustedes que la confianza con que me han honrado será correspondida hasta con el sacrificio de la propia vida si fuera necesario, y que obligará perennemente mi gratitud.

Las dificultades de comunicación y de expresión a que nos ha sometido el gobierno, especialmente en estos últimos días, me impiden desarrollar ampliamente ante ustedes mi pensamiento político, que por otra parte ya esta expresado en el manifiesto conjunto del 20 de marzo pasado, que tuve el honor de suscribir como presidente del Directorio Nacional Conservador, pero espero, además, poder hacerlo muy pronto para ofrecerle al país, un programa que colme sus anhelos de libertad y de justicia en Colombia.

Servidor y amigo,


GUILLERMO LEON VALENCIA

miércoles, 22 de abril de 2009

MANIFIESTO DE LOS DIRECTORIOS POLÍTICOS A LAS CLASES TRABAJADORAS

Los directores nacionales de los partidos liberal y conservador desean expresar a las clases obreras la satisfacción con que reciben la adhesión que le están prestando al inmenso movimiento nacional, cuyo primer objetivo es devolverle a toda la nación, y singularmente a las masas populares, su libertad política y el derecho a intervenir en la manera cómo se resuelvan los problemas económicos y sociales que las afectan tan hondamente.
Los universitarios, los gremios, los industriales, banqueros, comerciantes que toman parte en la batalla pacífica contra la dictadura no están defendiendo sus intereses particulares; por el contrario, no han vacilado en exponerlos gravemente a trueque de devolverle su libertad al país y de evitar que el gobierno, que tan graves males ha causado ya a la posición económica de todos los colombianos y naturalmente a la de los sectores más pobres, precipite a la nación a una crisis que ya ha comenzado a sentirse y de la cual son muestras claras la abrumadora carestía de la vida, el alza vertiginosa del cambio, la escasez, el insuficiente abastecimiento de materias primas para las fábricas y el desempleo que ya es notorio en muchas actividades. El gobierno, al través de su maquinaria de mentirosa propaganda y con la censura de prensa, pretende ocultar todos esos hechos y presentarse como el defensor de las clases pobres, cuando es lo cierto que la causa de los males que ya está sufriendo el país y de los muchos más graves que se le esperan, si no se establece un gobierno responsable, controlado por la opinión pública, no es otra que la conducta del General Rojas Pinilla y del pequeño grupo de privilegiados que usufructúan los recursos de todo el pueblo colombiano….

Y, desconociendo el carácter orgulloso y digno de los obrero colombiano, el gobierno presente que los servicios de bienestar social, pagados con el dinero de todos los contribuyentes, sean recibidos por esos obreros como una limosna, como si el General Rojas Pinilla los estuviera costeando con sus propios fondos y tuviera derecho a exigir por ello la obediencia incondicional y la humillación del pueblo. La verdad es que el gobierno le da al pueblo mucho menos de lo que debería darle, habida cuenta de las inmensas sumas de que ha dispuesto. Y la verdad es también que los servicios sociales los paga el mismo pueblo con los impuestos, y que no guardan proporción con la carga inmensa de los innumerables gravámenes que se han establecido sobre los consumidores…..

Y a cambio de lo poco que entrega, la dictadura pretende que el pueblo colombiano renuncie a sus libertades, se convierta en un esclavo, despojado de todo derecho, que eses pueblo no intervenga en elecciones para decir quién debe representarlo, sino que acepte indefinidamente que un solo hombre mande sobre todo sin control alguno, y que haya que rogarle a él como limosna, lo que si el pueblo tuviera libertad podría darse, de mejor y más completa manera.
Contra todo eso el país se ha levantado unánimemente, y está gritando que somos colombianos y como tales queremos ser libres. El pueblo desea que su libertad sindical esté garantizada por las leyes y no dependa que su libertad sindical esté garantizada por las leyes y no dependa del capricho del gobierno, quien mira con animadversión los sindicatos que no se ponen humildemente a su servicio. El pueblo desea tener sus voceros auténticos en las corporaciones legislativas para que intervengan en la legislación social y en la fijación de las sumas que deben destinarse a la educación popular, a la vivienda para las clases pobres, a los servicios médicos y hospitalarios. El pueblo desea que se adelante una política económica y fiscal dirigida a beneficiarlo positivamente y no a enriquecer a unos pocos con perjuicio de todos. El pueblo desea tener libertad para hablar, para reunirse, para poder leer en los periódicos la verdad, sin censura. El pueblo desea que los fondos públicos no se gasten en pagar indebidamente periódicos mercenarios que quieren engañarlo con propagandas mentirosas. El pueblo desea ser libre de hacer manifestaciones cuando a bien le plazca y no se quiera obligarlo a marchar como un rebaño de esclavos, por orden de las autoridades para rendir homenajes que no quiere rendir, o expresar adhesiones que está negando en su conciencia. Y todo eso es lo que quiere conseguir el actual movimiento, el cual ofrece a la nación no sólo la paz garantizada solemnemente por el pacto de los partidos; no sólo la igualdad de los partidos políticos dentro de un gobierno sin hegemonía de ninguno y que no excluya a nadie por razones sectarias de los puestos públicos o del trabajo en las empresas oficiales; no sólo el derecho para las clases populares de designar sus propios voceros para que defiendan sus intereses en los consejos , asambleas y cámaras, sino también política economía y fiscal puesta al servicio de las clases trabajadoras que destine al beneficio de éstas parte sustancial de los dineros públicos, que aligere la carga insoportable de los impuestos y disminuya el costo de vida hoy terriblemente elevado por la política inflacionaria y los despilfarros oficiales.
Y ofrece también una política social que no únicamente conserve sino perfeccione las conquistas alcanzadas, que garantice efectivamente la libertad sindical y defienda en el trabajador ante todo la dignidad de la persona humana, reconociéndole su libertad. Su independencia, su carácter de verdadero ciudadano.
Por todo esto estamos luchando, unidos íntimamente los miembros de todas las clases sociales y de todos los paridos políticos. Y el triunfo será nuestro, de ello estamos seguros, porque nos asiste el derecho. Somos los colombianos de siempre; no hemos caído en la vergüenza de plegarnos a la servidumbre, y con eses título que es común a todos vamos a la victoria.
ALBERTO LLERAS GUILLERMO LEÓN VALENCIA
Dirección Nacional Liberal Directorio Nacional Conservador


Tomado de: Libro “Las Jornadas de Mayo”; Ediciones Documentos Colombianos Bogotá; Pagina: 171-172-173-174

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