Como candidato de los partidos políticos, tengo el placer de informarle al gobierno que hemos llegado al más elevado y patriótico acuerdo para restaurar el imperio de las instituciones nacionales con una plataforma común de aspiraciones patrióticas y con un solo candidato por el cual habrán de sufragar lealmente ambos partidos.

Así pues, nosotros hemos cumplido; esperamos que el gobierno también habrá de cumplir su palabra a elecciones populares limpias de fraude y libres de violencia para elegir el próximo Presidente de la República. El gobierno nos ha dicho con Herrera: “La patria por encima de los partidos”. Nosotros le decimos: De acuerdo; pero agregamos: La patria por encima de los negocios.

Réstame solo significar a ustedes que la confianza con que me han honrado será correspondida hasta con el sacrificio de la propia vida si fuera necesario, y que obligará perennemente mi gratitud.

Las dificultades de comunicación y de expresión a que nos ha sometido el gobierno, especialmente en estos últimos días, me impiden desarrollar ampliamente ante ustedes mi pensamiento político, que por otra parte ya esta expresado en el manifiesto conjunto del 20 de marzo pasado, que tuve el honor de suscribir como presidente del Directorio Nacional Conservador, pero espero, además, poder hacerlo muy pronto para ofrecerle al país, un programa que colme sus anhelos de libertad y de justicia en Colombia.

Servidor y amigo,


GUILLERMO LEON VALENCIA

lunes, 14 de febrero de 2011

La primera candidatura de Valencia: lucha y grandeza

Por: Paloma Valencia-Laserna

Celebramos el centenario de nacimiento de Guillermo León Valencia, quien no sólo fue el “Presidente de la Paz” sino y sobretodo, un gran defensor de la democracia, un abanderado de la concordia nacional y un gran patriota. Este texto pretende ilustrar la batalla que dio Valencia contra la dictadura como candidato nacional a la presidencia de la republica, y como al renunciar a su candidatura por la sustitución de ultima hora probó que es posible deponer el interés individual al servicio del bienestar de la patria y la democracia.

La caída de Laureano Gómez y el establecimiento del General Rojas Pinilla como Presidente.

Ante la necesidad de crear un nuevo ambiente de convivencia frente a la difícil situación que enfrentaba el Gobierno de Laureano Gómez a principios de 1953, Guillermo León Valencia, que venía de desempeñarse como embajador en España, fue designado Ministro de Relaciones Exteriores. Otras personas de gran prestigio y liderazgo nacional como Rafael Azuero fueron invitadas a participar en el Gobierno con miras a conjurar la crisis, pero la solución fue tardía.

Cuando Valencia hacía su escala de unos días en la ciudad de Nueva York en su viaje Madrid- Bogotá, fue sorprendido con la noticia del golpe militar que diera el entonces Comandante General de las Fuerzas Militares, General Gustavo Rojas Pinilla. Valencia se reunió con el Dr. Gómez a su llegada a Nueva York, primer tramo de su viaje al exilio hacia Madrid. Los términos del encuentro no se conocen. Días después Valencia viajó a Colombia. A su regreso entró en contacto con las personalidades más destacadas de partido conservador, el ex presidente Mariano Ospina Pérez, Gilberto Alzate Avendaño, y con otros jefes de esa colectividad. Tuvo conocimiento entonces que el derrocamiento del Dr. Gómez había contado con el respaldo de sectores muy importantes del conservatismo que aún apoyaban al General Rojas Pinilla. El movimiento que derrocó al gran Laureano Gómez tuvo origen conservador. Vale la pena meditar sobre el hecho objetivo de que uno de los hombres más prestigiosos del conservatismo fue depuesto del poder sin que se hiciera un solo tiro, sin que hubiera manifestaciones populares contra el golpe, sin que se alzaran voces de protesta en la República. La Asamblea Nacional Constituyente, que había sido elegida, precisamente, durante el gobierno del Dr. Gómez para tramitar una reforma constitucional, cinco días después del golpe y mediante el Acto Legislativo No.1 del 18 de junio de 1953 nombró a Rojas Pinilla Presidente de la República por el resto del periodo constitucional que finalizaba el 7 de agosto de 1954. Estos sucesos señalan el ambiente de respaldo con el que contaba Rojas Pinilla en ese momento, a pesar de lo cual Valencia, de hondas convicciones democráticas, tenía muchas reservas sobre el quebrantamiento de las instituciones derivado de las acciones militares.

El prestigio de nuevo gobierno trascendía al Partido. También el Partido Liberal realizaba manifestaciones apoteósicas de respaldo a Rojas Pinilla. Miles de liberales entusiastas celebraban en las calles de Bogotá el derrocamiento del Dr. Gómez y el nuevo poder de Rojas Pinilla. Si el Partido Conservador se alejaba de Rojas Pinilla, el Partido Liberal con su abrumador respaldo de su masa estaba en la disposición de convertirse en el personero político ese gobierno que se iniciaba, destruyendo el esfuerzo que supuso romper la hegemonía liberal.
Valencia vio la necesidad de darle una salida institucional a la crisis, que preservara –dadas esas condiciones de hecho- un tenor democrático y republicano. Ante la inatajable e inminente elección de Rojas Pinilla para el siguiente periodo constitucional 1954-1958 por la Asamblea Nacional Constituyente, Valencia insistió y optó por el mal menor que representaba la garantía ofrecida por Rojas Pinilla a la Nación en el sentido de que convocaría elecciones directas para restaurar la vigencia de la democracia, una vez se cumpliera el período. Así se hizo.

La permanencia del General Rojas Pinilla en el poder

Cuando el final del periodo de Rojas Pinilla se acercaba el General Rojas traicionó su compromiso y mostró sus intensiones de permanecer en el poder. Se trataba pues de perpetuar una figura atípica en un gobierno republicano y el sepelio de la libertad, las instituciones y la democracia. En estas difíciles circunstancias, las fuerzas de la Nación se conjugaron y escogieron de entre su prole dos hombres para enfrentar la debacle: Lleras y Valencia.

El sello de una alianza para la reconquista de la democracia y las libertades públicas se dio durante año 1956 en el acto en el que la Universidad del Cauca le confirió el grado “Honoris Causa” en Derecho y Ciencias Políticas y Sociales a Valencia; y el ex presidente Alberto Lleras Camargo, Director único del Partido Liberal, al concurrió al evento. Valencia con su poderosa oratoria entonó un discurso magistral sobre la imperiosa necesidad Estado de Derecho y pronunció una vigorosa defensa de la libertad, la democracia y de los partidos políticos reclamando el derecho del pueblo a elegir libremente al Presidente de la República, en un debate electoral libre de fraude y de violencia. Era claro, el poder debe ser de origen democrático, los mandatos se inflaman de legitimidad a través de voto popular. Este fue el primer acto de unión nacional entre los partidos en defensa de las instituciones, cuya fuerza política derrocaría la dictadura y daría lugar al Frente Nacional, usando sólo la palabra, la voluntad, el coraje; pero, nunca, la violencia. La figura de Valencia se consagró como la cabeza conservadora de ese gran movimiento.

Valencia, de la más intima esencia conservadora, inició una lucha sin tregua contra la dictadura del General Rojas Pinilla, quien era aceptado por las masas conservadoras como copartidario. . Lo hizo inspirado por su onda creencia en la democracia y en el ejercicio con claridad diamantina de servicio público. No se trataba de ni de conflictos ni de alianzas partidistas, sino de valores superiores: aquellos que se refieren a la esencia misma de las instituciones, al deber ser del Estado, y a la ventura de la patria.

El General Rojas Pinilla mantenía su cargo bajó la justificación de que durante el ejercicio de su mandato, la violencia política había cedido, lo que era cierto. Era necesario, según los seguidores del régimen, perpetuar la presencia de Rojas Pinilla para evitar nuevos y sangrientos enfrentamientos entre los partidos. En realidad, la idea de que los partidos cesaran su violencia fratricida era impensable entonces, pues se utilizaba la violencia como mecanismo de confrontación política.

La mecánica de Rojas para lograr sus pretensiones consistió en incluir nuevos miembros adictos a él en la Asamblea Nacional Constituyente para garantizar las mayorías para su pretendida reelección. El ex presidente Ospina Pérez quien había ejercido la Dirección de esa Corporación, ante semejante abuso elevo su renuncia como una poderosa voz de protesta contra el quebrantamiento de institucionalidad; a pesar de ello, nutrida por incondicionales de Rojas, la Corporación Constituyente lo reeligiría para el periodo 1958-1962.

El 10 de mayo de 1957

El contexto político colombiano, como lo hemos dicho, era polarizado y violento; un acuerdo entre los partidos era difícil, requería de unos líderes muy especiales con respaldo popular inmenso. Valencia y Lleras fueron llamados por la historia para provocar en torno a la causa democrática un sentimiento de respaldo nacional, que dejaría a Rojas Pinilla solo.

Colombia, infortunadamente, tiene una larga tradición de violencia política. Nuestra historia está plagada de ejemplos: lideres políticos que incitan a la violencia, que usan su poderosa voz sobre la masa para agitar y destruir, su investidura social para agredir a los que se oponen, su recia mano para incitar a su destrucción. Más aún, Colombia ha premiado con cargos de dirección a aquellos que se han manchado con sangre. Una triste práctica que ha deformado la democracia. Terminar estos ciclos no es una tarea fácil. El ejercicio violento de la política tiende a reproducirse, a generar rencores que individualmente justifican nuevos actos de violencia, en una cadena infinita. Al mismo tiempo, genera un incentivo perverso en la sociedad que reconoce en la violencia un camino. Detenerse, cambiar, reconstruir nunca es fácil. La inercia social es casi imparable; se requiere liderazgo, voluntad y acuerdos.

El pacto del 20 de marzo de 1957, el Manifiesto Conjunto de los Partidos suscrito entre los partidos conservador y liberal, establece las bases fundamentales del acuerdo y determinó el nuevo rumbo de la política colombiana, basado en la concordia y el entendimiento. Los partidos hicieron un acuerdo para recupéralas: Este era el contexto que dio lugar al Frente Nacional, la voluntad de cambio:
“Queremos decirle a la Nación que en contraste con la solución de fuerza que se trata de imponerle, las dos grandes colectividades históricas tiene una que ha sido de tiempo atrás aspiración de los patriotas. Esa solución es la del leal entendimiento y conjunción de los dos partidos tradicionales para presentar una cívica resistencia a la destrucción sistemática del patrimonio moral, institucional y jurídico de Colombia. Es la de recomendar a todos los liberales y conservadores que se unan en un esfuerzo común para la restauración institucional, sin la cual es imposible que se realice el juego libre de la democracia... es también la de comprometerse a crear un Gobierno civil que se ejerza a nombre de los dos partidos, que los represente por igual, en el cual ambos colaboren… El liberalismo ha querido prestar una contribución decisiva al pronto restablecimiento del orden institucional, aviniéndose a que el Candidato sea de filiación conservadora, con el ánimo de desatar fácilmente el conflicto por el poder que habría de alegarse para evitar la intervención del pueblo en la escogencia de sus gobernantes…. Por todas éstas razones, nosotros, no importa lo que ocurra, hemos tomado también una determinación, ella sí inmodificable, porque sólo depende de nosotros: luchar, sin pausa, para restablecer el imperio de la Constitución de Colombia.” (Subrayado fuera del texto)

El acuerdo estaba firmado por Dirección Nacional Liberal: Alberto Lleras, Eduardo Santos, Darío Echandía, Carlos Lleras Restrepo, entre otros y por el Directorio Nacional Conservador Guillermo León Valencia, Juan Uribe Cualla, Francisco de Paula Pérez, Alfredo Vásquez Carrizosa, José Maria Villarreal, José Antonio Montalvo, Eliseo Arango, Fernando Londoño y Londoño.

Una nación, unos lideres, unos partidos que comprenden la imposibilidad de una convivencia en la violencia. El enfrentamiento de los partidos por acceso al poder era la causa primera para la violencia. El Frente Nacional aparece con el contundente rechazo a la sangre sobre las banderas, con la aseveración vehemente que nada puede justificar la violencia. Los partidos cesarían sus enfrentamientos y alternarían el poder; en consecuencia, el acuerdo garantizaba que la sucesión presidencial sería, en adelante, pacifica. Más aún, el compromiso incluía partidos gobernarían conjuntamente en pie de igualdad. Este Frente Nacional: el esfuerzo más serio y consistente que ha hecho la nación por erradicar la violencia como mecanismo político.

Bajo la tesis que Alfonso López Pumarejo, según la cual el futuro gobierno conjunto ejercido en pie de igualdad por los dos partidos históricos, el partido Liberal se avino a votar por un candidato conservador en la primera elección; pues era evidente que el Partido Conservador –en el poder a través de General Rojas Pinilla- no quería perder el dominio político; y posteriormente, en 1962 se apoyaría conjuntamente un candidato liberal.

El acuerdo del 20 de marzo era un esfuerzo inaugural en nuestra patria, pero esas palabras debían pasar a hechos concretos. El partido liberal acostumbrado al enfrentamiento feroz con los conservadores difícilmente aceptaría un candidato conservador. La elección de un candidato era crucial: sin un hombre que encarnara la unificación se desvanecería como el humo aquel titánico esfuerzo.

El candidato nacional debía despertar en torno suyo la confianza para garantizar el acuerdo, tanto de los conservadores como de los liberales. Valencia, era el líder más prestigioso del conservatismo, y tenía las puertas abiertas ante los liberales, porque sus gestas políticas jamás fueron sectarias o mezquinas. Por el contrario su ideario conservador, siempre estuvo al servicio de los intereses de la patria, toda ella y sin distingos. Fue así como la Candidatura Nacional de Valencia surgió como la promisoria oportunidad de mantener la unión y rescatar la patria de la tiranía.

Candidatura

El 8 de abril de 1957 los partidos –Directorios Nacionales Conservador y Liberal y Directorios de Antioquia Conservador y Liberal- emitieron un comunicado en el que se incluía una carta a Valencia en la que se le comunicaba que había sido escogido como candidato:
“Dando cumplimiento al patriótico convenio celebrado el 20 de marzo del corriente año, tenemos el honor de comunicar a usted, en perfecto acuerdo, los partidos Liberal y Conservador han escogido su ilustre nombre para candidato nacional a la Presidencia de la Republica... Al escoger su nombre hemos tenido en cuenta no solo sus señaladas virtudes, sus dotes intelectuales, su desinterés personal y su amor a la Republica, sino también la circunstancia de haber sido usted uno de los coautores del convenio político del 20 de marzo y estar, por lo tanto, plenamente identificado con su texto y su espíritu.

Habíamos convenido hacer esta proclamación durante el acto político que debía celebrarse en Medellín en la noche de hoy. Las circunstancias de que el gobierno hubiera impedido por medio de sus agentes del Servicio de Inteligencia al Director del Liberalismo y sus acompañantes y a un grupo numeroso de dirigentes conservadores de la capital, viajar a esa ciudad, cometiendo una arbitrariedad que por si sola es suficiente demostración de los métodos que está empleando para impedir la expresión de la voluntad popular, nos obliga a hacerla por medio de esta comunicación que se suscribe simultáneamente en Bogotá y Medellín.

La candidatura de Valencia surge, pues, respaldada por el Partido conservador unido en el que estaba incluido el ex presidente Ospina Pérez y el sector laureanista. También por el Partido Liberal. Ese apoyo fue reiterado en varías ocasiones: Alberto Lleras, como director del Partido Liberal y el ex presidente Alfonso López, lo ratificaron en una reunión que se realizó en la casa del Dr. Alberto Zuleta Ángel. A la proclama de los partidos muy rápidamente se unieron otros actos y proclamas en las ciudades de Colombia y se adhirieron a ella las más eminentes personalidades de la nación.

El ex presidente Mariano Ospina Pérez desde Nueva York el 8 de abril expresó su respaldo a Valencia:
“(…)El candidato escogido representa nuestros más altos valores morales y políticos por su inteligencia, estirpe, sentido social cristiano, gallardía política, pulcritud privada y pública y lealtad ideales democráticos dentro principios conservadores y católicos. Pueden contar mi entusiasta y sincera adhesión de colombiano conservador y católico..”.

Desde esa misma ciudad, 11 de abril, el ex presidente Roberto Urdaneta Arbeláez dijo:
“Por su tradición y por sus méritos personales su nombre ha sido siempre símbolo de nuestra vida republicana. Hoy lo es más que nunca.”
El 12 de abril, Lleras dijo:
Por muchas razones este nombre es la antítesis de lo que ahora nos gobierna. Aquí está con nosotros, y para nosotros, un ciudadano que lleva más de 20 años de vida publica, que ha tenido en sus manos más poder o influencia que la mayor parte de nosotros, y que sin embargo está mas pobre hoy que lo que fue el primer día de su advenimiento a la acción política. Esta no es una virtud, ciertamente, sino cuando lo contrario se enseñorea oscuramente de los puestos de poder y de representación para convertirlos en fuente de enriquecimiento sin causa y sin vergüenza. Pero, además, la vida de Guillermo León Valencia es de una transparencia absoluta, y su rectitud no tiene sombras. Es, por otra parte, un ejemplo de lo que debe ser un político colombiano, respetuoso de todas las leyes e instituciones creadas en más de un siglo de esfuerzo por la inteligencia de nuestros grandes compatriotas, y sobre todo, respetuoso, como soldado de Cristo, como autentico católico, como hombre civilizado y culto, de los derechos de los trece millones de personas humanas que habitan el territorio de la República, que abominan del despotismo.

El ex presidente Eduardo Santos, desde Paris el 16 de abril se sumó en los siguientes términos:
“Al adherir sin reservas a su candidatura para Presidente de la República, lanzada por todos los partidos políticos y respaldada por la nación entera, lo felicito por llevar dignamente la bandera del más hermoso movimiento cívico que registra nuestros anales. Culmina así el anhelo colombiano que es no sólo recobrar las perdidas libertades y restaurar, con las instituciones republicanas, el decoro de la patria, sino aplicar íntegramente el programa trazado, con serena firmeza, en los acuerdos de los partidos. Esta es la iniciación gloriosa de una nueva era histórica, en que al amparo de la concordia entre los ciudadanos y en claro ambiente de convivencia patriótica, gobiernos legítimos, ajenos a sectarismos exclusivistas busquen y merezcan la colaboración de todos y eliminen el panorama nacional las sombras que hoy lo oscurecen: la maldición de la violencia, el escándalo de la arbitrariedad oficial, el sacrificio de los intereses públicos en aras de las conveniencias privadas.”

Así también lo hizo el ex presidente Darío Echandía en los siguiente términos
“La candidatura de usted simboliza egregiamente los anhelos de los colombianos para la restauración de la vida democrática bajo los auspicios de la concordia patriótica y el decoro ciudadano. Cordialmente adicto.”

Este pacto político abrió el camino al entendimiento bipartidista y una verdadera avalancha de acontecimientos transformó el ambiente político de la nación de manera radical y contundente. Valencia aceptó su nominación y sobre ella se expresó así:
“Esta manifestación de ustedes constituye el máximo horno de mi vida, sea cual fuere el resultado del debate, porque es la investidura del patriotismo, de la lealtad, del honor, de la dignidad de la República, que me ha sido otorgada en el momento más difícil de su historia, por los mejores hijos de Colombia. Yo la acepto, consciente de las responsabilidades y peligros que implica, porque nací y vivo para luchar por el orden, por la justicia y por la libertad, sin que la posibilidad del triunfo pueda llegar a ser para mÍ jamás mejor estímulo que la eventualidad del sacrificio.
Y qué mejor destino para la vida de un hombre que comprometerla sin vacilaciones y con supremo orgullo en el empeño de contribuir a restaurar en su patria el imperio de la Constitución y de las leyes, la pulcritud administrativa y la limpieza política; de realizar el programa trazado por los partidos en el Manifiesto conjunto del 20 de marzo.
(…)
Como candidato de los partidos políticos, tengo el placer de informarle al gobierno que hemos llegado al más elevado y patriótico acuerdo para restaurar el imperio de las instituciones nacionales con una plataforma común de aspiraciones patrióticas y con un solo candidato por el cual habrán de sufragar lealmente ambos partidos.

Así pues, nosotros hemos cumplido; esperamos que el gobierno también habrá de cumplir su palabra a elecciones populares limpias de fraude y libres de violencia para elegir el próximo Presidente de la República. El gobierno nos ha dicho con Herrera: “La patria por encima de los partidos”. Nosotros le decimos: De acuerdo; pero agregamos: La patria por encima de los negocios.”

Con ese nombre y ese proyecto se presionó al gobierno dictatorial para que devolviera a los colombianos el derecho de elegir democráticamente a su Presidente. Desde todos los sectores
se exigió al gobierno la convocatoria a elecciones desde todos los sectores políticos, industriales, banqueros, civiles... He aquí un fragmento del la carta que enviaran los partidos políticos al presidente General Rojas Pinilla, donde además se incluía copia de la carta donde Directorios Conservador y Liberal de la Nación y los Directorios Liberal y Conservador de Antioquia, se dirigieron a Valencia para ofrecerle la candidatura nacional a la Presidencia y la respuesta que diera Valencia exigiendo la convocatoria a elecciones:
“Los Directorios, al hacer públicas aquellas comunicaciones, han reiterado su exigencia de que se devuelva al pueblo colombiano el derecho de designar el Presidente de la República, en elecciones libres de violencia y de fraude; pero hoy acuden ante S. E. para solicitar al Gobierno, como solemnemente lo hacen, la convocación a tales comicios.
Esta solicitud expresa la formulamos en ejercicio del derecho de petición que consagra la Constitución Nacional y que a nuestro entender no ha sido aún abolido.”

La gesta de Valencia contra la dictadura estuvo marcada por un valor sin precedentes, con su verbo en la tribuna y con un estilógrafo en su mano recorrió el país agitando el sentir democrático de la nación y desafiando la opresión del gobierno. Su palabra vivificadora y su valor a ultranza se derramaron con presteza sobre la nación, y la movilización popular fue incontenible. Valencia nunca flaqueó ante el compromiso histórico que le había sido encomendado. Por supuesto la vehemencia con la que el candidato nacional de Valencia empezó a recorrer el país y recaudar adeptos para la causa democrática no cayeron bien en el gobierno. El 29 de abril de 1957 luego de la manifestación de adhesión que recibiera Valencia en Cali, fue detenido por el servicio de inteligencia. Los Directorios Conservador y Liberal emitieron una declaración el 30 de abril que deja entrever la complejidad de la situación:
“Este inaudito atentado siguió a demostraciones constantes de adhesión que le hicieron al doctor Valencia en la capital del Valle desde el día domingo, manifestaciones que originaron una “nota” del Gobernador a los centros sociales de la capital del Valle estableciendo que en adelante no se podrían realizar reuniones de carácter social de ninguna naturaleza sin previo permiso del Gobierno, nota que, sumada a intervenciones de la policía en dichos centros, ha motivado que determinaran clausurarse mientras dure esa situación en que se invade una vez mas los derechos de los ciudadanos y se los anula para toda actividad que no sea de absoluta sumisión al gobierno y a los deseos del Presidente Rojas Pinilla de prolongarlo por cuatro años más.”

Al mismo tiempo, la fortaleza del movimiento y la beligerancia de Valencia presionaron al gobierno, que precipitó la reelección de Rojas Pinilla, el 30 de abril de 1957 la Asamblea Nacional Constituyente lo reeligió para el periodo 1958-1962. Lleras reaccionó a la reelección el 30 de abril en la circular 43:
“…
Ante el intento de reelección que viola todas las disposiciones de la Carta Constitucional, que el país rechaza por razón de sus principios morales y jurídicos y por la experiencia de los cuatro años anteriores, hemos ofrecido a los colombianos una solución que por largos años había sido la aspiración de los patriotas más eminentes: la de la reconciliación de los partidos, sellada en el acuerdo del 20 de marzo, y hemos acordado un candidato nacional, el doctor Guillermo León Valencia, al cual ha adherido, por encima de las limitaciones y prohibiciones del gobierno, la opinión pública, viva, alerta y vigorosa. Proclamada en Medellín y en Bogotá, su candidatura recibe caudalosas demostraciones de fe por parte del pueblo, y se reafirma su proclamación en Popayán y Cali, a pesar de los despliegues de fuerza y de la prohibición de que su nombre se mencione públicamente. Por exaltarlo, han pagado cárcel muchos colombianos, estudiantes, profesores universitarios, intelectuales, obreros, a quienes se han infligido castigos y humillaciones, y a quienes se ha sometido a acciones policiales sin apelación, ni recurso alguno. Sabemos, ciertamente que no hay ahora convocatoria a elecciones, pero sabemos también que tendrá que haberla.”

El detonante de la caída de Rojas fue, precisamente, la detención de Valencia en Cali. Valencia sostuvo varias reuniones en esa ciudad; en el Club Colombia y posteriormente en la Hacienda Menga del Doctor Harold Eder. Los discursos que pronunció contra el gobierno sacudieron a la ciudadanía y enardecieron los ánimos; en consecuencia el gobierno ordenó su detención. Valencia fue irreducible frente a las fuerzas opresoras del gobierno, su destino era llegar a Bogotá; fue invitado a regresar a Popayán. Valencia, valiente, dijo que sólo regresaría muerto:
“Agradezco la invitación que me hacen para regresar a Popayán con el objeto de poder viajar desde allí a Bogotá pero como estoy seguro de que el gobierno no permitirá mi viaje a la capital, por las mismas razones que me ha hecho saber aquí, no puedo aceptar la invitación de ustedes que me reduciría a incumplir mis deberes en Popayán, muy gratamente por estar en mi casa, pero en forma intolerable para el país y para los partidos que me han confiado la bandera de la restauración de la patria.

Cuando acepté esta candidatura tuve la convicción absoluta, que hoy se confirma, de que era un candidatura más para la cárcel o el cementerio que para el Palacio de San Carlos. Si principia a cumplirse esta realidad yo celebro vivamente no haberme equivocado.”

La fortaleza de sus carácter, la decisión de entregar incluso su vida, enardeció los ánimos, y dio lugar a una ola de protestas de profesores, estudiantes, medios de comunicación, industria y la sociedad en general, que se concretarían el 6 de mayo con la iniciación del paro cívico nacional. Valencia salió de Cali el 3 de mayo entre una multitud que lo acompaño al aeropuerto cantando el himno nacional y agitando pañuelos.

En Bogotá Valencia estableció de inmediato contacto con los estudiantes de la Universidad Javeriana y les pidió realizar esa huelga en forma pacifica, sin dar oportunidad a que las fuerzas arremetían de manera violenta sobre los estudiantes inermes:
“Entre tanto, pido a los estudiantes de Bogota y del país, que no faciliten al gobierno el seguir resolviendo con muertos los problemas vitales de Colombia.

La patriótica decisión adoptada por las universidades colombianas, no requiere – para producir todos los efectos de sanción moral que entraña – de manifestaciones excesivas que puedan facilitar el ejercicio de la violencia y sembrar confusión sobre las verdaderas intenciones de la posición universitaria.”

En la declaración conjunta de los Partidos del 9 de mayo de 1957 Valencia y Lleras como presidentes de los respectivos directorios Conservador y Liberal expresaron:
“En las horas de la tarde de ayer el General Rojas Pinilla arrancó a una Asamblea, cuyos miembros fueron designados directa o indirectamente por él, una elección inválida para continuar su gobierno después de 1958… Asamblea Constituyente del General Rojas es, por su origen, inexistente como entidad institucional y que todos sus actos carecen de validez alguna, entre ellos el primero, el de alterar la constitución para reelegir al General Rojas Pinilla, y luego el que ayer se cumplió cuando todo el país se paraba en un acto extraordinario de protesta sin antecedentes ni memoria en los anales de Colombia…
El General Rojas Pinilla, en el discurso en que recibió la ofrenda inconstitucional que le presentaban sus funcionarios de la asamblea, le decretó la violencia al país, y trazó, además, un programa de gobierno que Colombia rechaza, y que amenaza, esencialmente todo lo que quedaba todavía sin destruir. En un programa de persecución, de la nacionalización rapaz, de intimidación al capital, de promoción irresponsable de la lucha de clases. El promotor de la reelección inválida se ha colocado voluntariamente como el enemigo implacable del sistema social y económico que no sólo Colombia sino todo el mundo occidental ha escogido como la formula mejor para preservar la libertad y promover las prosperidad de los hombres, dentro de la justicia y la paz.”

El resultado final de la acción conjunta de los partidos coaligados y del heroico protagonismo de Valencia con las banderas de la democracia estimuló la decisiva movilización de la juventud universitaria que se comportó heroicamente y derramó su sangre generosa por la libertad y la democracia. El compromiso absoluto de todos los estamentos de la sociedad fortaleció definitivamente la histórica batalla. El 10 de mayo de 1957, cayó la dictadura, como consecuencia de una acción colectiva sin antecedentes en la nación, dirigida por los dos partidos históricos, y ese día, nació la Segunda República. El 10 de mayo de 1957 es el epílogo de un proceso trascendental en la historia del país. Lo que debemos rememorar en ésta fecha no son las manifestaciones de júbilo por la restauración de la democracia, sino el proceso políticos que las precedió. El 10 de mayo representa el respaldo y la ratificación de la nación a ese gran acuerdo; es el triunfo de la decisión conjunta de Liberales y Conservadores para suprimir la violencia y recobrar la democracia; demuestra que el poder soberano del pueblo es invencible.

La sustitución de la candidatura de Valencia
La candidatura nacional de Valencia seguía conservando su potencia, el 2 de junio de 1957 la Comisión Nacional de Acción Conservadora, encabezada por Álvaro Gómez Hurtado y otros importantes dirigentes como Juan Uribe Holguín, Alfredo Araújo Grau, Manuel Coronado, Hernando de Velasco; en conjunto con el Directorio Nacional Conservador: José Antonio Montalvo, Juan Uribe Cualla, Francisco de Paula Pérez, Hernán Jaramillo Ocampo, José Elías del Hierro, Rafael Azuero, Alfredo Carbonell, Alfredo Vásquez Carrizosa profirieron un documento de unión conservadora en torno a la candidatura de Valencia:

“Acogemos con entusiasmo la candidatura nacional del Doctor Guillermo León Valencia, esclarecido colombiano, para ejercer la Presidencia de la Republica en el periodo constitucional de 1958 a 1962. Por haber sido proclamada esa candidatura en una situación de anormalidad política que, afortunadamente, concluyó como consecuencia de la reacción nacional que culminó el 10 de mayo ultimo, el Directorio Nacional Conservador y la Comisión Nacional de Acción Conservadora la presentarán a la Convención Nacional del partido para su ratificación.”

En la plaza de Cisneros de Medellín, el día 23 de junio de 1957, el Doctor Alberto Lleras Camargo, Jefe Único del Liberalismo Colombiano, refiriéndose al Frente Nacional, dijo:

“ese frente ha escogido para simbolizar su entendimiento la figura antitética de la dictadura, su contrario específico, el anti-rojas por definición. La selección no se hizo al azar, ni entre millones de personas, en un acto insensato de lotería. Se buscó entre los combatientes democráticos al más calificado, entre los patriotas; al más puro, entre los políticos, a aquél que representara mejor las condiciones de abnegación, lealtad y honestidad que exige el servicio publico: Guillermo León Valencia.”

Caída la dictadura el ex presidente Laureano Gómez pudo regresar al país en el mes de octubre. Su llegada inició un triste proceso de recriminaciones entre los sectores conservadores. A pesar de que el pacto de los Partidos establecía que en las elecciones de 1958 los dos partidos respaldarían a un conservador para la Presidencia, que sería sucedido en 1962 por un liberal, el Dr. Gómez proclamó entonces la candidatura liberal de Albero Lleras, para sustituir la candidatura de Valencia. Lo hizo, aún en contra de su propio partido, pues no existía en el conservatismo una figura capaz de derrotar el prestigió que había edificado Valencia en su lucha contra la dictadura. El ex presidente Lleras la aceptó, a pesar de que el 12 de abril de 1957 en la confirmación de la proclamación de la candidatura nacional de Valencia, el mismo Lleras hubiera dicho:
“A su esfuerzo de estos días luctuosos y graves y al que realice en el gobierno de la nación cuando lleguen otros mejores, el liberalismo le ofrece una cooperación sin otro límite que el fiel cumplimiento de la palabra que ha empeñado en ese documento histórico del 20 de marzo.”

Es difícil desentrañar las razones que movilizaron a Gómez a apartar su respaldo a la candidatura nacional de Valencia. Más aún cuando la participación en el derrocamiento del General Rojas Pinilla fue una gesta de la que Valencia fue el batallador más infatigable. Gómez, en cambio, desde el exterior y cómodamente, esperó. Una vez en el país Gómez se dio cuenta que no existía en el conservatismo ninguna figura capaz de derrotar a Valencia. Fue así como optó por proclamar la candidatura de Lleras. Son igualmente oscuras las razones que tendría Lleras para aceptarla incumpliendo lo pactado. Hay quienes sostienen que Gómez le había ofrecido la candidatura a Lleras en la reuniones que habían tenido en España. La inesperada sustitución de su candidatura para el período 1958-1962 tuvo lugar faltando pocos días para las elecciones presidenciales de dicho año.

El gran líder y hombre Gilberto Alzate Avendaño ofreció a Valencia su respaldo para mantener su candidatura y buscar el voto de la reacción conservadora que interpretaría como una traición al partido, la sustitución del candidato nacional, por un candidato liberal. Valencia rechazó el generoso y valiente ofrecimiento. Consideró que en ese contexto, un nuevo enfrentamiento entre los dos partidos podía devastar la frágil estructura y propiciar nuevos derramamientos de sangre, destruyendo aquel apoteósico esfuerzo que significaba el Frente Nacional. Depuso, pues, su candidatura.

Se pone de presente el carácter patriótico de Valencia y la lealtad sin sombras a sus convicciones sobre la manera de servir los intereses de Colombia. Valencia mantuvo su lealtad inconmovible a la política de concordia nacional y no formuló ningún reclamo ni adoptó decisiones políticas que habrían comprometido la concordia nacional.

Valencia dio esta prueba suprema de que los principios están por delante de las más legítimas posibilidades y honores personales. Retiro su candidatura y votó –firmando su voto- por Alberto Lleras. Con ello, Valencia demostró que su gesta por la restauración de la democracia trascendía mezquinos interés personales, y que su compromiso era y seguiría siendo con el porvenir nacional. Los grandes hombres pueden convertir dolorosos momentos en la recia prueba para reafirmar la solidez de sus convicciones.

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